Cerró los ojos, estiró la espalda y echó los hombros hacia atrás. Intentó relajarse, pero los músculos se empeñaban en seguir tensos.
-Es normal que tengas miedo -escuchó-, yo también lo tuve la primera vez.
-No tengo miedo -se apresuró a contestar.
Sintió que le acariciaban la espalda en un intento inútil de destensarla. Después un apretón en el hombro y ella supo que había llegado el momento.
Se concentró en el cuerpo que estaba enfrente de ella, formó una imagen mental de la figura, todas
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