Soren Kierkegaard, padre del existencialismo, dijo que «arriesgarse es perder el equilibrio momentáneamente, pero que no arriesgarse es perderse a uno mismo».
Y probablemente los que me conocen vagamente piensen que soy una especie de equilibrista que va perdiendo el equilibrio por momentos, como cuando me calzo un par de rascacielos por zapatos o llevo alguna copa de más. En realidad, es fácil que pierda el equilibrio porque las irregulares aceras mallorquinas parecen tabletas de chocolate y n
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