1712085046833
EL GORDO
12/08/2017
Javier Puchades Sanmartin
Primero un murmullo, luego gritos. Aquella algarabía acabó con mi paciencia. Puse atención, pero con aquel galimatías era imposible entender nada. La curiosidad pudo conmigo, abrí la puerta y me asomé. Era increíble, todo el mundo saltaba subido a las mesas, brindaba… mis trabajadores habían enloquecido. Además, aquello era un vituperio contra mi persona:
—Al jefe que le den…
—Ese hijo de… es un negrero…
Incluso, Angelita, mi modosita secretaria, estaba semidesnuda, totalmente ida. La llamé:
Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0