Esa tarde las hojas caían lentamente. El viento frío cortaba tu risa. Tu barba de tres días arañó
mi piel con aquel beso y el frío se desvaneció al contacto de tu abrazo. Fue largo como el invierno, con la calidez de la primavera.
Afuera y en mi interior, la lluvia arreciaba otra vez.
El abrazo con la intensidad justa no recordaba a los anteriores aquellos exuberantes de pasión encerrados en nuestra habitación.Sí los abrazos tuviesen colores, este sería azul pálido, no era momento de pensa
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