“El mundo se va a acabar”. Repetís una y otra vez; estas palabras retumban en mi mente, rebotan de un lado a otro y se dispersan para volver a formar la frase. El mundo ya acabó, llevo milenios solo: Arrastrando miseria, bebiendo sangre, mirando las estrellas. Mis ojos son cuencas vacías, mi piel, rasgada por las tormentas, desapareció; ya solo te espero a ti. Recuperaré esa frescura, ¿No lo sabías? Tu ser me pertenece, tu realidad no existe. Tu Apocalipsis es mi Renovación y el 21 de diciembre el festín será de Dios.
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