Me hace feliz, poeta, ser un instante tu musa. La corriente que un segundo agita el mar de tu tinta, cambia el rumbo de tu pluma y dibuja en mi mirada una sonrisa. Me hace feliz, poeta, surcar un minuto el mar de tus pergaminos, levar de tus sueños el ancla y, navegando sin rumbo, entre los rizos de espuma y el azul
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