En más de una batalla le vieron con su típico sombrero caído hacia el lado derecho, sus facciones no eran las de antaño, su cara no era tersa como cuando tenía treinta años, su cara estaba curtida como el cuero. Su espíritu era el mismo, todavía recordaba aquella escaramuza donde la metralla le había atravesado las tripas, rezo por su vida, por conseguir sobrevivir, en aquella época era un simple cabo, los ojos se le cerraban, iba perdiendo sus fuerzas, la vida se le escapaba, como el río pierde
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