Para el Humano, que llega inmaduro al mundo singular, nacer es un acontecimiento sin precedente y generalmente traumático. Qué el impacto sin precedente del parto en el naciente, el cual, según sugieren sus reacciones, llega a producir en él un estado semejante a las perturbadoras respuestas de pánico en congéneres más desarrollados, transcurra simultáneo a dichas reacciones, es una obviedad.
En dichas circunstancias, queda la reacción del neonato al trance del nacimiento indeleblemente asociada a la cualidad enigmática -sin precedente - de ese acontecer e inscrito, para siempre, lo enigmático como perturbador.
Cuando se asocian contenidos psíquicos, o dicho de otro modo, cuando entre contenidos psíquicos hay evocación, lo denominamos sentido.
Constituirse en acontecimiento posterior asociándose a un enigma previo que, en ese acto, deja de serlo, es, básicamente, una función del lenguaje llamada a disolver una tensión interior. Nombrar, en una concepción amplia del término, es diluir un enigma.
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