Primera Noche:
Otra noche más adornaba ese magnífico día, los ojos de Natalia se voltearon a ver por la ventana la completa obscuridad que descendía, sus ojos buscaban algo entre las sombras, una presencia desbordaba desde la oscuridad hasta colarse dentro de sus huesos, su mirada impenetrable que solamente buscaba algo, esa noche como las demás solo había un pensamiento razonable en su cabeza, no huir, ni gritar, por más miedo que sentía se quedaría para verlo.
Cuando pensó que no vendría, dos pares de ojos dorados comenzaron a proyectarse desde las sombras, su respiración se entrecortó y su corazón comenzó a palpitar fuertemente contra su pecho. Desde aproximadamente un mes atrás todo esto comenzó, primeramente había sentido que alguien la observaba, que ironía la vida, ahora era ella quien lo observaba a él, porque… ¿Debía ser el, verdad?, sus ojos dorados tan fuertes que posiblemente alumbrarían más que una linterna se posaron en ella, y como todas las noches se miraron secretamente.
De un momento ella no llegó a ver más sus ojos ¿Cómo era posible eso?, pero después de unos segundos esos mismos ojos que la atormentaban en sueños se encontraban brillando nuevamente. Natalia pensó que era tan solo un producto de su imaginación, parecía estúpido llegar a oír incluso su misma respiración mezclada con la de él. Poco a poco el sueño fue reclamándola, y no le quedó más de otra que separarse de la ventana para ir a dormir.
Cuando terminó de arroparse se dio cuenta de que no había cerrado la ventana por completo y que estaba entreabierta, decidió levantarse para cerrarla bien, pero unos ojos dorados como el oro aparecieron allí, mirándola, observándola, y como retándola con la mirada que se atreviese a acercar, su corazón que había comenzado a tranquilizarse volvió a latir el doble de lo que había hecho, su respiración desigual estaba comenzando a marearla por el apuro de meter aire en sus pulmones. ¿Quién diría que tal ser seria su perdición?
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