Cuenta la leyenda que un caballero jerezano pretencioso, tras haber derribado en duelo a una de sus víctimas en el llamado ‘Rincón Malillo’ de Jerez de la Frontera y en estado ebrio, tuvo la osadía de retar al mismísimo diablo. En ese mismo instante entendió, que la herida inmediata que brotó en su brazo dolorido, la había provocado el propio Satanás. El caballero horrorizado atravesó a toda prisa la Plaza del Mercado hasta su casa en Calle Justicia y en los días siguientes, mandó a colocar una cruz de hierro en una hornacina en piedra para protegerse. La herida nunca llegó a cicatrizar, manteniéndole encerrado por el resto de su vida.
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