Maquiavelo dijo: «Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres».
Y Carlos era de los que ven lo que aparentas, pero también de los que—y por encima de todo—tienen la capacidad de advertir lo que realmente eres. Miento. Él no advertía simplemente. Él era como esos arqueros que, con los ojos vendados y a mil pasos de distancia, incrustan la flecha justo en el centro de la diana. Te quitaba las bragas del alma con la misma facilidad con que el amante desliza la lencería por el cuerpo d
All rights reserved