La última vez que mi amiga Laura vino a verme, lo hizo como siempre, con mucho arte y glamour. Por eso, sigo sin entender el porqué se marchó tan rauda, sin despedirse, como si la arrastrase el viento. Yo quise agradecerle su generosidad, ya que ella era la única compañía de mi soledad. Lo único que hice, como un acto de compañerismo, fue suplicarle que se quedase conmigo para siempre, al mismo tiempo que, con mis manos golpeaba con fuerza contra mi lápida.
Relato publicado 5ª semana Julio
Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0