Aquel lejano día en que vi
tu rostro por primera vez,
me enamoré.
Y que tiene que ver el rostro
con el alma.
Ni soñaba que mi romanticismo,
el otro día se fugara.
No me inspirabas nada,
No veía más allá, y me apenaba.
Quise aprovechar tus fallos,
y soñé en parecerme a ti,
pero perdí...
Soñé con podernos entender,
para sentir por ti algo especial.
Y, qué va...
Si a mi lado te sentabas,
me ignorabas.
Y pensar que tengo que pasar
así mi vida...
Me siento dolorida,
pero, a pesar de todo, es mi camino,
y lo vivo con algunos placeres
que aportan mis lecturas
y quehaceres...
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