Paco era un apasionado del cine. Había visto todas las películas proyectadas desde sus inicios, o casi, y podía recitar de memoria el reparto de cualquiera de ellas. Siempre era de los primeros en asistir a los estrenos y soñaba en secreto en conseguir un empleo relacionado con el séptimo arte. Por eso, cuando llegaron los ochenta, se le ocurrió que el mejor sitio para poner en práctica sus conocimientos era en un videoclub. Se hizo con un buen número de cintas de vídeo y montó uno de los primer
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