Agosto de 1994. El último año dorado del grunge.
Mientras el mundo llora a Kurt Cobain y el calor de Cádiz se pega a la piel como una condena, Estela, una atleta de diecisiete años, se ve atrapada en un asfixiante apartamento de Rota. Sus vacaciones soñadas han sido canceladas por unos padres que esconden secretos tras montañas de documentos legales y silencios que cortan como cristales.
Pero la monotonía del verano se rompe al cruzar la curva de la playa de la mano de los "trasnochados". Liderados por el enigmático Sandro, este grupo de inadaptados no busca juergas de chiringuito, sino algo mucho más profundo y peligroso.
En la oscuridad de un búnker olvidado, bajo el zumbido de un aro de luz violeta y el ritmo del Superunknown de Soundgarden, Estela descubrirá que los sueños pueden ser un campo de batalla. Sandro ha hallado la forma de entrar en una vigilia compartida: un mundo donde las leyes de la física son sugerencias, donde se puede volar sobre ciudades imposibles y surfear sobre mares de magma.
Lo que empieza como el escape perfecto de una realidad familiar en ruinas se convierte en una campaña táctica hacia una meta obsesiva: el Castillo Negro. Pero cada nivel superado exige un precio, y Estela pronto descubrirá que la fatiga de los sueños empieza a drenar la vitalidad de sus amigos en el mundo real.
¿Es Sandro un guía hacia la libertad o el arquitecto de una trampa mortal? Cuando Estela encuentra un manual prohibido que habla de "cazadores" y "parásitos", comprende que en este juego no basta con saber volar... hay que estar dispuesta a no despertar jamás.
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