Te miro sin hacer ruido,
como quien guarda un secreto,
se me escapa lo que siento
cuando rozas mi universo.
No sé nombrar lo que pasa,
ni medir este desorden,
pero todo se detiene
si tu nombre me responde.
Y aunque intento disimular,
se me nota en la voz…
Que eres tú,
lo que no digo cuando callo,
lo que tiembla entre mis manos,
lo que no sé controlar.
Eres tú,
la razón de mis silencios,
la verdad que va por dentro
y no me atrevo a soltar.
He aprendido a esconderme
tras sonrisas bien puestas,
pero fallan los disfraces
cuando el alma se despierta.
Y me pierdo en lo sencillo,
en tu forma de mirarme,
como si ya supieras
todo antes de explicarme.
Y no sé cómo evitar
que me leas sin hablar…
Que eres tú,
lo que no digo cuando callo,
lo que quema si lo guardo,
lo que no quiero negar.
Eres tú,
la pregunta sin respuesta,
la herida que no pesa
pero no quiero cerrar.
Si me acerco, ¿qué pasará?
Si me alejo, ¿qué quedará?
Estoy justo en ese punto
donde todo es de verdad.
Y si hoy rompo el silencio…
que sea por ti.
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