UNA HERIDA SIN MEMORIA
Hay heridas que no gritan, pero moldean. Que no duelen en la piel, pero paralizan el alma.
Que no sangran por fuera, pero infectan por dentro. Esta es una de ellas: el rechazo
desde el vientre. Y lo más fuerte… es que ni siquiera te diste cuenta cuándo ocurrió.
Aquí no estamos hablando de una discusión con tu mamá, ni de un maltrato de tu papá.
Estamos hablando de lo que absorbiste espiritualmente en el ambiente uterino.
Porque sí, desde ahí ya hay una guerra por tu identidad.
LA HERIDA DEL NO DESEADO
Hay personas que cargan una tristeza que no se explica, una inseguridad que no tiene
causa lógica, un miedo al abandono que se activa aunque nadie las esté dejando.
¿Sabes por qué? Porque no fueron recibidas con gozo, sino con temor, vergüenza, o
frustración.
Cuando una madre dice:
—“Noquiero este embarazo.”
—“Esto fue un error.”
—“No puedo tener este hijo ahora.”
Ese niño, aunque aún no tiene oído desarrollado, lo percibe espiritualmente.
Porque el espíritu no necesita palabras para discernir atmósferas.
“Antes que te formase en el vientre te conocí…” (Jeremías 1:5).
Eso significa que el espíritu de ese bebé ya existe en el corazón del Padre, aunque su
cuerpo esté formándose. Y cuando es rechazado, es como si le dijeran al diseño original
de Dios: “No te quiero.”
LO QUE NO SE DESEA, SE DEFORMA
Escucha bien esto:
Lo que no es deseado, no se desarrolla sano.
Y lo que no se sana, se repite.
Un niño no deseado puede convertirse en un adulto que vive siempre queriendo
demostrar que merece existir. Lucha para ser amado. Se esfuerza para ser aceptado.
Hace de todo para no ser abandonado. ¿Y sabes cuál es el resultado? Relaciones rotas,
dependencia emocional, y auto-rechazo crónico.
All rights reserved