Y entonces, al doblar la esquina, el tiempo se detuvo ante sus ojos. Alex estaba allí de pie, con los ojos color ónix conmocionados, mientras una mujer de hebras tan rojas como las suyas lo observaba contemplativamente.
Expectativa y añoranza…
Danielle hubiese deseado no ver lo que vino después.
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Secuela de “¡Otra vez no!”
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