No nos engañemos, todo el mundo quiere vivir una bonita historia de amor. Y si no bonita, al menos una llena de pasión y desenfreno, de tormentos y reconciliaciones, pero de amor. Amor del bueno. No simples rollos que no van a ningún lado pero que como mero pasatiempo―admitámoslo― están bastante bien. Aunque llega un momento en que aburren. Cansa tanta tontería. Parecemos niños intercambiando cromos pero que, en lugar de pegatinas, intercambiamos nuestro sexo. Usamos nuestros cuerpos como trapos
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