Por mucho que vaya y venga la historia, Idilocalandia no deja de ser una tierra de labriegos que sueñan con ser otra cosa y que eso si, en su cabezonería por querer cambiar su sino, apuestan una y otra vez de manera por la materialización de esos sueños, y que en alguna ocasión, llegan a cobrar unas características casi reales, tanto, que pueden ser tocadas por sus manos. Pero no hay que dejarse engañar. Aquí somos diferentes. Aquí acostumbramos a ir contracorriente del resto. Aquí, tenemos siem
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