Una mujer sola, tras siete años de miedo y dolor, da a luz a una hija sin padre, pero con muchos responsables. Lleva en sus genes las marcas del dolor y las consignas de una generación diezmada y silenciada.
Los primeros meses son felices, da gusto ver caminar a la criatura luego de tanto sufrimiento. Pero no pasará mucho tiempo para que ciertos personajes sombríos, se adjudiquen sobre la joven derechos y responsabilidades.
Crecerá creyéndose libre, confiando en las promesas de ciertos bravucones que seduciéndola con ofertas indecentes, la pervertirán de a poco.
Hoy, luego de 30 años, su madre casi no la reconoce. La angustia saberla en la indigencia y consumida por la droga.
Llora en silencio por lo que ya no es, o peor aún, por lo que nunca fue.
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