Día tras día leían juntas, casi compulsivamente la más emocionante de las historias, el relato del más épico de los viajes, no había un momento más mágico en el día.
Se habían prometido, a la sombra de las ausencias, desprenderse de equipajes, siempre innecesarios cuando se viaja con el alma, y mantenerse unidas a pesar de las distancias, de las personas y de los lugares.
Que cuando se volviesen q ver, se contarían con detalle el camino que cada una hubiese recorrido, los paisajes, las estepas y los bosques, los olores dulces y amargos, los fríos y las insoportables canículas.
Que, en su encuentro, cada uno de los segundos que compartieran, tendrían principio y fin y el espacio justo para que cupiesen sus sueños. Deseaban tanto que la vida les acariciase.
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