Si hace un tiempo me hubieran dicho que estaría cuidando a un dragón, me habría reído.
Pero no es divertido, nada divertido.
No le puedes poner por delante un animal que echa fuego por la boca a la persona más desastrosa sobre la faz de la tierra y pretender que el experimento salga bien.
Soy Charlie y me he encontrado un bebé dragón.
Sé que me voy a arrepentir de esto, pero Nora —mi jefa— nos ha pillado y ahora está metida en el ajo de mantener fuera del alcance de cualquier ser humano a este animal.
Si nos descubren, nos habremos metido en un buen lío y no pienso permitir que se lo lleven para estudiarlo.
Las apuestas están claras: el dragón va ganando.
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