El conde bebedor quería organizar una fiesta, y no sabía cuánto vino comprar. Así que llamó a la princesa Ana, y le preguntó:
—Princesa, princesa, ¿a tí el vino te embelesa?
—No, conde bebedor. Las princesas toman mera agua de fresas.
Después llamó a la duquesa:
—Duquesa, duquesa, ¿en la orden de san Tomás profesa?
—No, conde bebedor. Las duquesas toman mera agua de fresas.
A continuación, llamó a la marquesa y le preguntó:
—Marquesa, marquesa, ¿tú bebes como una posesa?
—No, conde beb
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