Ana Consuelo Suarez Espinosa, colombiana, de la ciudad de Bogotá, ha dedicado su quehacer a diferentes áreas entre las que se destaca, la docencia, la fotografía, la poesía y la pintura, en lo que delicadamente ha titulado “Arte para amar”. Aunque no conozco formalmente a esta importante creadora, sus obras, de las cuales algunas están publicadas en este libro, me han llevado a conocer de cerca y, en la distancia, su obra pictórica, de la que he escrito algunos poemas para varias de ellas. Al escribir estas palabras puedo imaginar como Ana empieza a concebir cada creación desde su propia óptica; el preámbulo a ese acontecer sin tiempo, sentir el olor de los aceites, trementinas y oleos en la paleta, para convertirla luego en un laberinto de imágenes. Es percibir a través de mis propios sentires, como darle una voz única e inimitable en estos tiempos de modernidad y tecnología en los que la artista marca profundamente su sensibilidad para producir un impacto o reacción en el ojo y espíritu del espectador. Uno puede asociar a la artista con su obra, pero no necesariamente saber cuan prolífica es en su acontecer diario, o de cuánto tiempo dispone para ello en la elaboración de obras innovadoras, bellas y, que no sea monotemática en una sola área al momento de una exposición. Para analizar una obra se deben tener en cuenta algunos aspectos: el soporte, la técnica, el tema, la composición, la luz, la perspectiva, los colores. Sus pinturas, tienen una fuerza realmente importante, en su expresividad. Nos trasmite un esmerado cuidado en los detalles y, los colores, en sus composiciones, tiene una carga de difuminados ocres, percibiéndose en cada escena plasmada el secreto de las almas, donde la calle es una multitud que marcha entre las luces, o un carnaval de ausencias, para sentir que finalmente, la esperanza surge y que la fe debe esperar. Para mí, es una artista que despierta sensaciones muy profundas, pero a la vez, siento que ella, como mujer, mantiene el corazón y el alma de la ternura escondida que se pasea desenvuelta en los diferentes estilos singularmente desde lo abstracto en un sentido emocionalmente amplio. Aunque desconozco sus influencias predilectas, me gusta su propuesta en la que muestra evidentemente lo indefinido y en la que no se evidencian rastros figurativos proponiendo otras existencias. La obra de Ana Consuelo, no solo ha sido expuesta en su país natal; en el ámbito Internacional, Polonia, Cuba, México, Estados Unidos Buenos Aires, han dado cuenta de sus pinturas en diferentes salas. Colombia ha tenido en el tiempo representantes de gran trayectoria en la pintura, pero muchos artistas no reconocidos que han expuesto en diferentes pinacotecas, han demostrado que, al apreciar su obra, son muchos los que producen admiración por el estupendo virtuosismo que resalta cualquier expectativa, por lo que, generalmente, produce una gran felicidad en el artista, y también en el público.
No necesariamente el más reconocido es el mejor, a veces uno encuentra obras tan maravillosas que valen más que algunos cuadros, producto de propaganda mañosa, u organizada falsamente por los
críticos. A veces no se triunfa como se desea, pero la constancia es la que vence, dice el refrán.
Creo que la poesía posee la vida, es como un espejo donde el individuo puede mirarse para ver y
descubrir sus casos escondidos y, con ello, su manifestación, particularmente en los artistas que viven
desde el alma, regularmente. Y vuelvo al tema de la ternura en la mujer como una larga sombra que
se proyecta en el camino, a veces cargada de melancolías o tristezas, pero también, poder entender
que en lo frágil también está la seguridad, la calidez y la alegría, y eso nos arropa el espíritu cuando
se trata de crear. Tomar apuntes de las sensaciones internas, nos lleva a escribir esas emociones que
no podemos expresar físicamente para convertirlo en un poema o un relato de vida, y es allí donde
Ana Consuelo hace su declaración en medio de sus técnicas pictóricas al decir: "he leído poemas
publicados de mi autoría en las universidades, en los teatros, en las exposiciones y galerías, hoteles,
también las escribo para obras visuales de artistas plásticos". Allí, ella nos habla del significado para su vida, su historia y su obra.
El objeto de la presente edición del proyecto Inmortales, es una suerte de encuentro entre diferentes
artistas plásticos y escritores nacionales e internacionales, en las que se recogen infinitas gráficas o
expresiones elaboradas con ahínco y nobleza, y de las cuales el bardo hace una lectura en la que cada
mirada tiene una visión diferente de una misma obra para descubrir su propio sentir, y por último hacer una apreciación e interpretación de cada obra. De este modo, esta interrelación produce un
acercamiento entre los pueblos, y sobre todo influye de manera decisiva en la motivación a la lectura.
Sahú Castrillón
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