Reventaré de odio cuando estalle el himen de cristal rojo porque le destrozaste el sexo con tus garras como un animal de ojos fríos, risa congelada y aliento helador.
En esta oscuridad tenebrosa recorro el laberinto constante rozándome la piel con matojos ásperos y con tupidas frondas que me crecen por dentro del alma.