Al pequeño soñador le encantaba la lluvia.
Cuando llovía, se quedaba inmóvil delante de la ventana de su cuarto viendo cómo las gotas de agua, poco a poco, iban mojando todo en el exterior.
Y cuando paraba de llover, al pequeño soñador le gustaba mucho salir a pasear por el campo y disfrutar del olor de la tierra recién mojada.
Dicen que una vez, tras una de esas jornadas de lluvia, un caminante encontró al pequeño soñador muy atareado en mitad del camino.
El pequeño soñador, ensimismado, n
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