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Fracaso
03/11/2014
José Gabriel Moya Yangüela
También él quiso fracasar gloriosamente: ¡Un fracaso glorioso, como nadie sufrió nunca! ¡Una montaña de fracasos, una ruina gloriosa como un coliseo! Pero hasta eso fracasó: tan solo acumuló fracasos cotidianos, uno tras otro, amenazando con un pedacito de gloria que asomaba traicionera. ¡Hasta aquella humillación sufrió! Pero al final, ya resignado, ya hecho a la alegría de la vida, pudo al fin saborear, amargo como un tónico de quina, aquel fracaso que había dejado de buscar. Lo sintió como un
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