Un diagnóstico médico explica, con una sola palabra, la terrible experiencia que viví el 18 de noviembre de 1989, en La Avenida de Anaga, y que transformó todos mis esquemas mentales, mis creencias y mi existencia.
El paso de peatones de la avenida se extiende a lo largo de una de las calles más anchas y transitadas de la ciudad. Donde las olas antes mostraban su temperamento, ahora se levantan altos edificios que ocultan lo que fue un humilde barrio de pescadores con sus añosas corralas. En su
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