Caléndula era extraña. Desde pequeña sentía que no encajaba. Pero ¿Qué esperaban de una niña con ese nombre? A ella le gustaba, la hacía única y especial. Siempre de aquí para allá con su gorro de lana calado hasta los ojos y la vieja y desgastada mochila azul que, según le contaba su madre, había sido de su abuelo.
Cumplía veintiún años. Era un día que llevaba esperando mucho tiempo, toda su vida a decir verdad. Después de mucho tiempo, hoy era su día. Esa noche había luna llena e iba a ser pe
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