Víctor quiere ser un gran chef de cocina: cree que es especial, que tiene un don. Tiene 30 años, trabaja aún como pinche y está a la espera de que la solución a la cuestión de la competencia con sus compañeros se resuelva. Para su suerte, aparece en su vida un joven empresario (Simón) que le vende la cura para todos sus males: la telequinesis. A partir de aquí, Víctor abusará de este nuevo poder para atajar distancias entre su situación y su situación deseada. Las consecuencias de esta obsesión serán nefastas, empezando por la omisión consciente o inconsciente de todos los problemas que le rodean en pos de priorizarse a sí mismo.
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