Carlota quiere dar el biberón a su muñeca, pero no lo encuentra. Su frustración se convierte en una gran pataleta. Su llanto es tan fuerte que aparece Trapotín, un duende torpe y bienintencionado. Trapotín intenta ayudarla dándole comida "a lo grande", pero el resultado es un caos: toneladas de papilla y leche inundan toda la habitación. Carlota se da cuenta de que ha exagerado, respira, se calma, y entre los dos reparan el desastre. Trapotín se despide con su frase gancho: "¡Nada de pataleo, que me mareo!".
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