En esta novela, "La galaxia que inventé para nosotros", nos encontramos con dos personajes diferentes pero iguales.
Liam es un estudiante de astronomía tremendamente listo y callado. Cuenta cosas cuando se pone nervioso (como las pecas de Sky) y recoge piedras del suelo para guardarlas en sus bolsillos y evitar salir volando.
Skyler (Sky solo para Liam) es una chica que siempre viste de negro, intenta hablar con su ouija con alguien que ya no está y maquilla muertos. También suele soltar datos random sobre la muerte sin más. Ah, y ve el color de las almas de quienes la rodean.
Los mundos de estos dos raritos (que reconocen serlo) chocarán un día de agosto y formarán su propio Big Bang.
Liam llega a Arizona con una madre tremendamente triste tras sufrir un engaño y un divorcio. Tiene claros síntomas de depresión, aunque a Liam le da mucho miedo admitirlo.
Sky ya ha tenido experiencia en ese campo. Su hermano Lou acabó suicidándose después de pegar un tiro a su buller en el instituto.
La novela está narrada desde el punto de vista de Sky y de Liam (esas son las partes dulces de la historia), y también de Lou. En el caso de Lou, el narrador es una voz omnisciente que nos deja ver la mente de Lou y cómo evoluciona cuanto más bullying sufre, hasta que explota de la peor manera.
Así, pues, a pesar de que la interacción entre Liam y Sky es dulce, divertida y entrañable (ella tan grumpy, él tan sunshine), este libro también aborda temas como la pérdida, el acoso, la depresión, la salud mental y lo mucho que nos cuesta a veces hablar con una persona que tiene ideas suicidas y nos lo hace saber.
All rights reserved