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Morado
07/13/2016
El cañón de la pistola me presionaba la sien y, aunque apuntaba a mi cabeza, mi cuerpo lo sentía en todos lados. El corazón se había ensanchado tanto que chocaba con mis pulmones y mi esternón dolía tanto que deseaba que se parase y me diese un respiro.
-No puedo elegir -pronuncié, mi voz tan fina como un hilo.
Como respuesta, acercó todavía más el arma a mi cabeza y yo creí explotar antes de que mis sesos se convirtieran en puré.
Quería llorar, pero sabía que no serviría de nada, por lo que
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