Sacrificó su futuro por hacer posible el camino de los suyos. Sus manos cosieron cada día, pacientemente, el calzado que los llevó a vivir otras vidas. Eran las mismas manos que les arroparon durante tantas años en la noches frías, que les acariciaron cuando la oscuridad llamó a sus miedos, que abrieron cada mañana las ventanas para que su habitación se llenará de vida.
Sabía que su amor por ellos, en ocasiones, la había llevado a negarse a ella misma, a mirar en la dirección que le marcaba su corazón, apartándose de lo racional, a pesar de todos, lo hizo. No había más verdad que aquellas manos, lo supo al regresar. Por eso, las tomó entre las suyas y volvieron a amanecer juntas. Siempre la amó.
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