Te sentaste enfrente en aquel vagón de tren, te miré, me miraste, me atrapaste. Te sonreí, me devolviste la sonrisa. Bajaste en la siguiente parada, y yo me quede quieta, inmovilizada, mis piernas no respondían, no podía seguirte.
Me subía en ese tren todos los días, lo necesitara o no, en el mismo vagón, a la misma hora. Me bajaba en tu parada y te buscaba, entre la gente, en los bares, en las tiendas. Hasta que un día me volviste a sonreír.
Des
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