Siempre que voy a Galicia me sorprende la misma visión. Cuando avanzo por las carreteras atravesando poblaciones o cuando las veo a lo lejos siempre hay un elemento común a todas ellas. Existe una manera de obrar en la que todo elemento arquitectónico que huele a añejo, lejos de interpretarse y de adaptarse a la contemporaneidad de modo respetuoso, se suele destruir o se modifica de tal manera que se traviste con unos ropajes que por naturaleza no le pertenecen y lo hacen irreconocible, además d
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