Tommy descansaba a mi lado. Respirando junto a mi nuca, su brazo rodeando mi cuerpo. Me detuve a mirarlo unos momentos, sin culpa ni recato, porque él no se enteraría jamás. Estaba sonrojado, debido a que al estar tan pegados, tendría calor. El pelo revuelto, castaño claro, le caía por la frente, ocultando un poco sus ojos finos, con forma de almendra, hasta casi rozar sus labios carnosos. Sus pestañas largas se movían apenas, reproduciendo el ritmo de los sueños que habitarían en su mente. Era hermoso. Terriblemente hermoso.
Me levanté. No quería permanecer a su lado un minuto más. Tendría que olvidarlo. O eso, o me enloquecería. Entré al baño, y medio a susurros, medio para mis adentros, defenestré a Karem a insultos. Por su culpa era todo lo malo que le ocurría a Tommy. Por su culpa y su estúpida existencia, Tommy no se fijaría jamás en mí.
Maldije utilizando todos los insultos que conocía y otros que inventaba. Maldita Karem, maldita vida, malditos todos. Y maldita yo también, por haber permitido que pasara aquello. Despertar a su lado, era una probadita de un dulce que no podría degustar jamás.
All rights reserved