Cuento sobre las aventuras y desventuras de un calcetín desparejado.
Era un martes bastante vulgar. El día anterior había sido lunes y al día siguiente, casi con toda seguridad, sería miércoles. Pero aquel martes bastante vulgar, en un cajón, un calcetín deportivo clásico leía por decimotercera vez la nota que le había dejado su compañero. Como el número trece trae mala suerte, la leyó otra vez. La decimocuarta. Pero le ocurrió como la primera vez: aunque era un calcetín de algodón cien por cien transpirable, se quedó sin aire. La nota, con una caligrafía un poco regular para un calcetín adulto, decía así: «Estoy harto de los partidos de pádel de los martes y los jueves. Me voy para vestir el pie del pirata Malapata. Te llevaría conmigo, pero el señor Malapata solo necesita un calcetín porque tiene una pata de palo y ya lleva un taco para no rallar el suelo de la proa, ni el de la popa. Adiós. Bye, bye bambino».
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