Tacho y Violeta, él historiador de izquierdas, ella médico de derechas, de unos 35 ambos, vuelven a su casa en su nuevo coche. En un momento de su recorrido empiezan a cruzarse con coches muy antiguos y notan que el firme de la carretera se hace por momentos intransitable. Al parar en un pueblo la gente les mira como a marcianos caídos del cielo. Están en 1952. Conducidos a una instalación secreta de El Pardo donde nadie cree su historia, son tomados por agentes americanos. José Antonio Hermida, un antiguo falangista, es el único que les escucha. Les utiliza para conocer el futuro y ganar ventaja sobre sus adversarios, pero ellos sólo quieren regresar a su tiempo. Aunque para Tacho la posibilidad de ver de cerca el mundo que no conoció resulte una oportunidad única, para Violeta un país sin endoscopias, sin TACs y en el que la asepsia brilla por su ausencia, le pone los pelos de punta.
All rights reserved