Cuando mi corazón sea del sol y mi piel de la luna. Cuando mis labios sean céfiro y mis ojos, dos luceros.
Cuando mi alma se eleve en paz, hecha esencia pura, al son que del cielo, caigan cascadas de luz al océano …
Entonces, podremos extasiarnos emocionados otra vez y, en medio del paraíso eterno, sintiendo la bendición de nuestros nuevos cuerpos traslúcidos, fundirnos en uno.
Sí amor, volveremos a ser infinito, como la mágica vez primera en que el cosmos amalgamó nuestros destinos.
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