La poesía condensa los sentimientos, y los crea y recrea a partir de la experiencia y de la imaginación. Cuando el lector es el poeta, y el poeta es el lector, cuando el objeto del sentimiento es el sentimiento mismo, cuando todo se funde y se condensa en las palabras del amor, surge la realidad de entre los sueños, y se llena todo de lluvia, de esa lluvia fértil y abundante que riega los campos de la primavera, y que riega la presencia nuestra, la presencia del amor, durante el infinito trecho de vida en el que nos hemos acompañado y que se extenderá siempre ante nosotros como un horizonte bellísimo inalcanzable y compartido.
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