En la orilla del Río Dulce en Izabal, Guatemala, un pescador garífuna encuentra un costal que expulsa sangre. Con mucha precaución el pescador se acerca al costal y la abre. En su interior se encuentra el cuerpo de Maritza descuartizado y un retrato de ella, pintado con su sangre.
En la morgue de la ciudad de Guatemala, la detective Claudia (45) y su compañero Ismael (25) revisan los detalles de los cortes y la ausencia de los órganos. Ambos confirman que es una víctima del asesino serial, El artista.
Claudia e Ismael repasan los casos de las víctimas y descubren que algunas de las víctimas, antes de su desaparición, estuvieron en El patio de los juegos, el club de música electrónica más popular de la Ciudad de Guatemala. Los detectives inician una serie de interrogaciones a los familiares de las víctimas, trabajadores del club y al dueño.
Tras las interrogaciones, los detectives se infiltran en el club donde observan a fiscales corruptos, empresarios, abogados e hijos de políticos disfrutando de la fiesta. Entre ellos, se encuentra el asesino serial.
Mientras, los detectives continúan recolectando información sobre la muerte de Maritza, descubren el nombre del asesino serial. La investigación se complica cuando aparece el cuerpo de otra víctima y su retrato dentro de un costal en la carretera.
La fiscal general, molesta e indignada, les llama la atención a los detectives y le niegan seguir investigando el club. Ismael cansado de la situación de corrupción que hay en el sistema de justicia, decide entrar de nuevo al club en la búsqueda de respuestas, pero se encontró algo más grande, al asesino serial.
Los días pasan y la desesperación de Claudia incrementa cuando Ismael no aparece. Ella sale en búsqueda de su compañero al oriente del país. Con las pistas y con la información, que le dieron fuentes locales, encuentra la ubicación del asesino serial. Claudia hará su propia justicia.
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