Esta obra explora la idea de la existencia como sistema circular en el que lo visible y lo invisible, la conciencia y el inconsciente, la materia y el espíritu, se encuentran en permanente diálogo.
En la parte superior, el disco luminoso simboliza un principio ordenador, una fuente de energía y conciencia. El árbol central (Axis Mundo) actúa como eje del mundo, uniendo lo celeste, lo terrestre y lo interior. Su anatomía orgánica recuerda simultáneamente a un sistema nervioso y una estructura vascular, sugiriendo que toda forma de vida comparte una misma raíz.
El gran círculo central funciona como portal o espacio de revelación. En su interior aparece una figura híbrida, a medio camino entre lo humano, lo animal y lo espiritual. No representa una identidad concreta, sino un estado de transformación: la conciencia enfrentándose a sus propios instintos, miedos y pulsiones vitales
Las criaturas suspendidas en el espacio evocan seres primordiales, entidades que parecen surgir de un estado anterior a la lógica y a la forma definida. Son manifestaciones del inconsciente, de aquello que habita en las profundidades de la psique y la naturaleza.
La criatura que emerge del agua y se posa sobre la estructura central actúa como mediador entre mundos. Su naturaleza ambigua sugiere que la vida no puede entenderse en categorías rígidas, sino como una continua metamorfosis.
La composición se organiza de manera casi ritual, como si se tratara de un mapa simbólico del proceso de individuación. Cada elemento parece ocupar un lugar preciso dentro de una arquitectura interior en la que las fuerzas opuestas no se excluyen, sino que se complementan.
La obra propone una reflexión sobre la unida
d profunda de todas las cosas. Sugiere que el ser humano es simultáneamente materia y espíritu, razón e instinto, orden y caos. En esa tensión constante reside la posibilidad de transformación y autoconocimiento.
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