En este artículo se explica una parte de la investigación llevada a cabo por Dolores García Ruiz sobre los retratos pintados por Leonardo da Vinci a la esposa de Francesco Giocondo, monna Lisa Gherardini, que son La Primera Mona Lisa o de Isleworth, en posesión de la Fundación Mona Lisa de Zúrich, y su versión posterior, La Gioconda del Louvre. La anomalía observada en estos retratos pintados por Leonardo da Vinci a monna Lisa Gherardini, consistente en la ausencia de joyas, pese a la costumbre social de mostrarlas como elemento definitorio del estatus social de la familia, responde a que la auténtica joya que mostraban los Giocondos en el retrato eran las prendas de seda que luce monna Lisa, por ser extraordinarias y, posiblemente, exclusivas. Estos tejidos de seda resultaban extraordinarios por estar teñidos en colores, hasta entonces no logrados en seda: negro cuervo, morado berenjena y amarillo leonado. Fueron logrados con maderas de palos de hec, un árbol americano, traídos por Cristóbal Colón desde su primer regreso a España en 1493. Una historia en la que resulta clave de principio a fin el valenciano Luis de Santángel, quien financió la expedición de Colón y llevó a Valencia muestras del palo de hec para realizar pruebas bajo secreto, de donde salieron los tejidos que luce la esposa de Francesco Giocondo en los mencionados retratos.
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