Creo… que ha decidido componer así a su personaje, tal vez para representar la mentalidad estática, hermética, cuadriculada, estricta, rígida e impávida de Aurora Rodríguez Carballeira.
Porque puestos a expresarse con simbolismos -como el del maniquí que se resquebrajaba o rompía cada vez que se presagiaban discrepancias, como evocando la muerte anunciada- la cara de Najwa podría haber sido cubierta con una careta, como representación de la determinación inconmovible de la madre de Hildegart.
Acertado o no, tiene menos riesgos. A mi personalmente me gusta que me cuenten cosas con la cara, con la mirada. Porque no me ha quedado claro si Aurora era una H*P vulgaris, una enferma celosa y posesiva, una Bernarda Alba a la gallega, una variedad femenina del padre en “El enigma de Gaspar Hauser”, o la pretenciosa aspirante a creadora de un robot al que, después de una preparación exhaustiva, manejaría a su antojo, como si de un Candidato de Manchuria se tratase.
¿Era Aurora una mezcla de todas esas cosas? Creo que me hubiera gustado leer en los ojos de la actriz esos rastros de locura, de posesión enfermiza, de ambición irrefrenable, de ira probable...
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