Román se dedica a monitorizar nidos de urracas: Su vida en común, el trabajo de cada uno de los miembros de la pareja, el comportamiento en las ausencias. Pero no es lo único que monitoriza.
Román ha colocado una cámara en el salón de su casa, a través de la que controla los mismos comportamientos en Hannah, su pareja, cuando él está ausente. Disfruta viéndola, aunque pronto esta experiencia le sabe a poco y decide ir un paso más allá. Román empieza a enviar a su novia regalos anónimos para observar su reacción. Lo que en un primer momento parece una idea genial, se tuerce cuando ella imagina que su admirador secreto es Mario, el amigo de ambos, con el que acaba teniendo una aventura. El mundo de Román se pone patas arriba. Sabe que tendría que sentirse traicionado, ofendido y triste, pero no puede evitar excitarse con su papel de voyeur...
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