Uno de los pilares de las filosofías del futuro, como la del pensamiento transhumanista —comúnmente incomprendido y menospreciado—, es que el ser humano no posee nada especial; no existe ninguna esencia, alma o sentido que no sea resultado de la evolución física y cultural, hasta ahora abandonada al azar y la adaptabilidad.
Con esa idea como base de una nueva filosofía, en coordinación con el actual desarrollo exponencial de la ciencia y la tecnología, se abre la posibilidad, por primera vez en la historia, de ponerse al timón del futuro de la humanidad e incluso de empezar de nuevo. Si se dan las condiciones científicas y tecnológicas adecuadas, los humanos podrían elegir hacia dónde dirigirse mediante una metamorfosis física e intelectual. Esa evolución podría conllevar, asimismo, una revolución moral.
Podríamos hablar, por tanto, de un futuro de mejoras morfológicas, psicológicas y morales.
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