El popular juego de monopolio salió al mercado en el año 1935. Éste refleja un modelo empresarial capitalista, basado tanto en el flujo libre de capitales, como en los riesgos financieros. Como es un símbolo del sueño americano, este juego es sumamente atractivo y además conjuga diversos factores como: la suerte, el aprovechamiento de las oportunidades, el éxito en los negocios y los méritos. Aunque sus fundamentos son cuestionables (propicia una omisión deliberada de determinadas reglas, busca eliminar a los competidores, es difícil administrar los recursos, el éxito puede depender de la suerte, genera inequidades que distorsionan la distribución de los ingresos y estimula una visión a corto plazo). No obstante, el propósito de ese juego es brindar orientaciones sobre la consecución de riquezas (inversionistas) o el crecimiento y supervivencia (corporaciones), para así desarrollar estrategias financieras y corporativas, similares a las empleadas por inversionistas y corporaciones. En ese sentido, hay cinco estrategias que pueden emplearse en este juego para trasladarlas a otros ámbitos (expansión agresiva, expansión moderada, expansión lenta, sin expansión y expansión irregular). Su correcta aplicación, mitigará la mayoría de los efectos perjudiciales y contribuirá a: acatar las reglas, desarrollar un estilo gerencial, luchar contra las adversidades y el supuesto factor suerte y tomar en cuenta que se deben cumplir los objetivos a largo plazo (es más una cuestión de supervivencia que de rentabilidad). Ciertamente, el juego de monopolio es fascinante, didáctico y entretenedor. Refleja aspectos negativos y positivos del comportamiento humano. Queda de nuestra parte, aprender de sus lecciones y recurrir a las mejores estrategias tanto en el ámbito personal como en el laboral.
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