En las páginas precedentes hemos pretendido dar un nuevo enfoque al devenir historiográfico que teníamos de Gaspar Requena y su obrador. Desde la atribución que hicimos en una primera entrega de este estudio el 6 de diciembre de 2020 de la desconocida intervención del pintor en la tabla del Museo del Prado, Nuestra Señora de Gracia y los grandes Maestres de Montesa, ha acontecido, casi quinientos años después de aquel hecho, la restauración de la obra devolviendo a la Virgen el original rostro que pintara Antoni Peris.
Desde el guardapolvo del retablo del Salón Gótico del arzobispado de Valencia [Figura 102], anónimo hasta entonces, quisimos replantear la figura del pintor en su contexto y, la fundamental relación con el taller de los Macip [Figura 103] como circunstancia principal en su futuro artístico.
Hemos intentado demostrar, con la aportación de nuevas obras, que Gaspar Requena formó parte integrante del taller de Joan de Joanes, primero, como aprendiz y, más tarde, como oficial destacado, a lo que se sucederían colaboraciones esporádicas de sobra conocidas. Pero antes, creemos haber dejado en evidencia algunas de las partes de su intervención en el retablo de Santa Úrsula y las once mil vírgenes, siempre en discusión y ocultas por la indefinición al respecto que plantea su primer documento contractual conocido. Hemos hurgado en sus obras en las que creemos haber encontrado indicios de colaboraciones con el fraile jerónimo Nicolás Borrás. Todo esto en un encuadre temporal que recorre buena parte del siglo XVI hasta llegar a los años de su muerte, posiblemente acaecida en la mitad de la década de los ochenta.
El obligado cambio generacional en la dirección de un obrador de pintura de retablos viene de la mano, entre otros motivos, por el agotamiento de los recursos artísticos de su líder o por la muerte de este. Pero para que haya continuidad es principal condición que exista la pieza clave de recambio, es decir, el pintor con capacidad artística y empresarial para llevarlo a cabo. En este caso creemos que la hubo en la figura de su hijo, el pintor de retablos Vicente Requena, que fuera reconocido en su labor artística en la Valencia de los dos últimos decenios de aquel siglo como uno de los dos mejores pintores de la ciudad junto a Juan Sariñena. Hemos querido, con la aportación de inéditas obras, engrosar su corpus artístico y, a través de ellas, encontrar el momento en el que sucedió el relevo artístico en ese taller de retablos.
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